12 de abril de 2009

Ser pequeño no resulta ser un problema

Europa es un continente pequeño comparado con otros y este está lleno de países pequeños. Dos claros ejemplos Bélgica y Suiza. Estos dos pequeñitos países nos han demostrado que ser pequeño no es un obstáculo.

Para Bélgica y suiza ser un estado pequeño no fue un problema para el desarrollo, es más, fue una gran ventaja. En 1913 eran los primeros exportadores mundiales en términos por cápita. Sus economías dependían fuertemente del comercio exterior y prestaban mucha atención a la innovación técnica. Disponían de factores de producción (trabajo y capital) baratos.

Bélgica había estado tradicionalmente una zona rica con una importante protoindustrialización y con grandes ventajas geográficas (país plano situado cerca de Gran Bretaña y con fáciles comunicaciones con toda la Europa del norte occidental) además, tenían abundancia con el carbón y el hierro, esto le permitía producir el lingote más barato del continente. Por el papel que hizo el gobierno, Bélgica fue el primer país que tuvo una política ferroviaria con la finalidad de facilitar el acceso de lso productos belgas a los mercados europeos. Bélgica exportaba la mitad de su producción y el acero era el material principal.

Suiza se parece a Bélgica por ser un país pequeño y capacitado para industrializarse. Pero tiene ciertas diferencias como la obtención de materias primas, mientras que Bélgica era generosa, en Suiza tenía escasez en carbón y a penas de hierro. La base de su crecimiento fue la transformación de la protoindustrialización, sus productos más típicos eran los relojes, los tejidos de seda y los bordados. La gran oportunidad para su industrialización fue gracias a la electricidad que con su relieve favorecía la producción.

Bélgica y suiza nos han demostrado que ser pequeño no significa que no se pueda llegar a ser algo grande e importante, porque como dice el dicho, en el bote pequeño está la buena confitura.

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